domingo, 25 de febrero de 2007

Un bocado de gracia

Después de algunos días de voluntario silencio publicador, os dejo aquí un apunte sobre un delicioso bocado que probé esta semana en un encantador bar-bodega de Barcelona, de cuyo nombre me guardaré bien de publicitar para evitar que todos y todas os lancéis hacia él posesos de deseo para saisfacer vuestras virtuosas necesidades gástricas.

El bocado en cuestión es, a la vez sencillo y a la vez delicioso, a la vez salado y a la vez dulce, a la vez aperitivo y a la vez postre. Es, como tantas cosas en esta vida, la dualidad hecha placer.

La mitad inferior de un panecillo redondo y pequeño (lo que en Sevilla y otras partes llaman mollete), ligeramente tostado, untado a rebosar de Torta del Casar (cualquier buena torta extremeña servirá para el delicioso cometido) y coronado con un marrón glacé. Nada más. Sencillo y delicioso. Crujiente y untuoso. Ácido y meloso. Maravilloso. Probadlo en casa, no hay más que tener buen producto y a disfrutarlo. Para acompañarlo, servirá tanto un tinto expresivo (Toro, Cigales) como un vino de postre no excesivamente dulce (¿Un Olivares quizá? De ése, exquisito, ya hablamos otro día).

Venga, a gozarlo.

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